• Roxy Festival, el día que los chavorrucos estábamos esperando

    Chavorruco; dícese del individuo adulto, ya bien instalado en los 30, que no bebe ni sale de fiesta en días laborales (porque no conseguiría despertarse temprano después de la desvelada); que ya tiene una que otra responsabilidad de persona mayor (tarjetas, crédito automotriz, hipoteca o hasta hijos); pero que aún guarda sueños y anhelos de juventud, como el irse de concierto de vez en cuando.

    Quienes nacimos en la gloriosa década de los 80, crecimos con los acordes del rock clásico, el heavy metal o el brit-pop y entramos a la pubertad en la no menos loable década de los 90, podemos identificarnos plenamente con la categoría descrita en el párrafo anterior. Y para nosotros, según palabras de su organizador, Santiago Valencia, fue planeado el tapatío Roxy Festival.

    Tapatío, porque la sede para vivir una de las experiencias musicales por las que habría matado en mi primera juventud no será la capital del país; algo que por lo general ocurre con los grandes eventos en la música y otras artes, para beneplácito de los chilangos y enojo de toda la república. El Roxy Festival se llevará a cabo en Guadalajara o, para ser más precisos, en el cercano municipio de Zapopan, Jalisco.

    La ubicación marca la primera diferencia, pues ahora el polo de atracción de los autobuses, caravanas o vuelos Interjet no será la Ciudad de México, o Distrito Federal, si aún lo prefieren, sino la Perla Tapatía.

    Pero hay otras notas que hacen del Roxy un evento singular. De acuerdo con Valencia, el cartel del festival es un homenaje a la nostalgia, pues los artistas que lo encabezan bien pueden remontar a la infancia de quienes ahora empezamos a pintar canas. Morrissey, James, Smash Mouth, Fito Paez y, de reciente confirmación, Placebo, son los nombres que han causado revuelo, ya no entre la juventud que ahora se arremolina en festivales como el Corona Capital, sino entre los adultos como yo, quienes debemos contener el llanto cuando los colegas más jóvenes comentan “Morri… ¿quién?”.

    Por si el anterior “llamado a la nostalgia” fuera poco, el espectáculo musical del Roxy trascurrirá a la par de un festival gastronómico que, según los organizadores del evento, está destinado a sorprender y complacer a paladares experimentados. Y lo máximo para el chavorruco que, además de rockero de antaño ya es padre o madre de familia; el festival contará con una zona especial para el esparcimiento infantil, donde trabajarán alrededor de 50 cuidadores; así nadie se quedará sin a echar una canita al aire porque no tiene con quién dejar a los chamacos. Para mi gusto, el festival sólo adolece de una guardería para mascotas, pues no a todos se nos ha dado la vocación por criar hijos humanos.

    El último dato curioso del Roxy, hasta el momento, es la forma en que se las ingeniaron para armonizar un festival gastronómico tapatío con las tendencias ultra-veganas del ex líder de los Smiths. Bien sabemos los fans que el “divo de Manchester” puede cancelar un concierto casi por cualquier cosa, pero uno de los factores que inevitablemente provocarán un desaire por parte de Mozz es la venta y consumo de carne durante sus presentaciones. Incluso el aroma de cualquier platillo con ingredientes de origen animal es capaz de ahuyentarlo.

    Pues bien, Santiago Valencia declaró que para evitar cualquier alteración en el ánimo del divo, suspenderán la preparación, venta y consumo de platillos con cualquier tipo de carne, antes, durante y después de la actuación de Morrissey. Además, colocarán su camerino lo más lejos posible del área gastronómica; lo cual, paradójicamente, lo dejará muy cerca del área donde se encuentra una fábrica de chocolate, que seguramente no es muy vegana que digamos.

    En fin; si el divo cancela, todavía nos quedan James, Placebo, Empire of the Sun y el homenaje a David Bowie que cada músico hará durante su show.