• Mientras tengamos música

    El año que ayer despedimos fue calificado por muchos como devastador para el universo musical.

    Todavía recuerdo esa mañana de enero, en la que desperté con el ánimo de un año recién estrenado. Como ya es mi hábito, sintonicé la radio y me puse aún de mejor humor al notar que la rola en curso era “Space Oddity”.

    Fue después de que sonaran varias canciones de Bowie, cuando la locutora, con un dejo de melancolía en la voz, recordó que la selección musical tan especial se hacía en el marco de un homenaje al gran artista, quien había muerto la noche anterior.

    La sensación fue tan difícil de interpretar que incluso me hizo exclamar un “¡Ay!”, como si algo me hubiera golpeado. “¡Ni que fuera tu pariente!”, dirán muchos y con toda razón. Pero lo que sí es más que familiar y absolutamente entrañable son todas las canciones que acompañaron diversos momentos de mi vida; momentos de alegría, tristeza, incertidumbre, esperanza, los cuales parecieron desdibujarse un poco ante la noticia de la pérdida.

    El año siguió su curso y con él, otras luces fueron apagándose. Prince, Pete Burns, Leonard Cohen y George Michael son sólo algunos de los iconos musicales que nos dejaron en 2016. Pero ningún otro ámbito de la cultura quedó a salvo; el filósofo italiano Umberto Eco, el dirigente cubano, Fidel Castro, el actor Gene Wilder y, hace muy poco, las actrices Carrie Fisher y Debbie Reynolds también emprendieron “el último viaje”.

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    Lo anterior, aunado a las incontables crisis económicas, políticas y sociales, que estallaron prácticamente en todos los rincones del mundo, hizo de 2016 un año de triste memoria. Sin embargo, y aunque pueda parecer que peco de optimista, no todo fue malo. Un anuncio que vi esta mañana en una página por internet, referente a una venta de asientos para estadio (Stadium seats for sale), me hizo pensar en todos los buenos conciertos a los que tuve la fortuna de asistir el pasado año.

    Guns & Roses, Radiohead, Roger Waters, The Rolling Stones y las grandes bandas que nos dieron experiencias únicas en festivales como el Corona Capital son razón suficiente para concluir que, después de todo, 2016 no fue un año particularmente malvado. Sencillamente se trató de otro ciclo vital que, tal como sus predecesores, nos dio angustias, tristezas, preocupaciones y quizá pocas, pero inconmensurables alegrías.

    Y aunque esta nueva etapa no inicia de la mejor manera posible, sino entre gasolinazos, conflictos internacionales, amenazas de muros y deportaciones masivas, y la ya tradicional “cuesta de enero”, la música sigue ahí, como parte de lo que nos inspira y mueve, hasta en los momentos más difíciles.

    Además de los conciertos ya confirmados para 2017, a los que nos referimos en el post anterior, también nos espera mucha música nueva. Uno de los lanzamientos que me tiene más expectante es el nuevo álbum de la legendaria banda de post punk, The Jesus and Mary Chain. Después de dieciséis años, la agrupación escocesa por fin volvió al estudio y su primer sencillo, “Amputation”, augura una producción que reconquistará a sus fans.

    En fin, lo anterior es sólo una muestra de que hasta en el porvenir más oscuro puede filtrarse un poco de luz. Gracias, Música, por seguir ahí. Y bienvenido, 2017.